E está toda loca hoy porque su embarazo está en ese punto crítico en que, según cuenta, su barriga no es lo suficientemente grande como para que se note que está en estado. Por el contrario, lo que parece es que está gorda. Eso dice. Y además hoy se ha puesto camisa a cuadros. “Parezco Chanquete”, concluye.
J afirma que está muy bien pero B, que se aferra a la imagen idealizada que ha construído, no le cree. B piensa que J tiene un problema emocional de dos pares de narices pero, claro, es que B es una mujer. Le pregunta si ha ido al doctor aquel alemán alternativo que le dijo que tiene una cabeza de forma trapezoidal, que le hace ser demasiado autoritario, con los demás y consigo mismo. Como Barack Obama, Mussolini y Idi Amin.
-¿Y has vuelto al doctor alemán?
-Sí, volví dos veces más.
-¿Y qué te dijo?
-Pues que estoy muy bien.
-¿Seguro?
-Seguro.
-Pues yo creo que estás fatal.
-Pues igual eres tú quien debe ir a verle.
Y después de que B se disculpe por decirle que es frío y que le duele, y por preferir no verle más, J le da las gracias educadamente y le pregunta que qué tal le va el trabajo.
